Presentación del nuevo libro de Manuel Santos Iñurrieta
Mariano Moreno y un teatro de operaciones, seria comedia política
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La Gracia de Tener, absurdo espectáculo de humor político-económico
Ediciones del CCC, Colección En Escena.
Presentación:
Martes 13, 19hs
Centro Cultural de la Cooperación
Av. Corrientes 1543
Sala Osvaldo Pugliese.
Acompañan al autor:
Juan Carlos Junio (director del CCC)
Ana María Ramb (Ediciones del CCC)
Juano Villafañe (Director Artístico del CCC).
Manuel Santos Iñurrieta: Ganador del premio Trinidad Guevara a mejor texto por la obra Teruel y la continuidad del Sueño, es actor, director y dramaturgo. Forma parte de la dirección artística del CCC y Coordina el área de teatro de este espacio, desde el año 2003. Lleva adelante la dirección artística de el bachín teatro, desde el año 2000 focalizado en la investigación y desarrollo de un teatro épico inspirado en Bertold Brecht, con características de teatro político – didáctico de fuerte impronta latinoamericana.
Recientemente estreno junto a su grupo en el CCC La Gracia de Tener.
Producidas junto a el bachín teatro Santos es autor y director de las piezas teatrales:
.Mariano Moreno y un teatro de operaciones. Declarada de Interés Cultural y Auspiciada por la Secretaría de Cultura de La Nación.
.Teruel y continuidad del sueño: (2010 / 2009) ganadora de los Premios Trinidad Guevara 2009: Texto (Manuel Santos Iñurrieta), Música Original (Ignacio Santos) y Actriz Revelación (Carolina Guevara).
Cuenta con una nominación para los ACE 2009/2010 en la categoría: Revelación Femenina (Carolina Guevara)
.Crónicas de un comediante (2009 / 2008) estrenada en la ciudad de Mar del Plata temporada – verano 2007.
Recibe por esta pieza, dos Premios Estrella de Mar 2007, a Mejor Espectáculo y a Mejor Dirección Mar Platense.
Participa con estos dos últimos espectáculos del XIII Festival de internacional de teatro de La Habana. Y de la V Muestra Latinoamericana de teatro de Grupos de San Pablo, Brasil.
el bachín teatro estrenó también en el CCC (desde el 2003 hasta la fecha), La comedia Mecánica (2007), Lucientes (2006 -2005), Charly, detrás de la sonrisa (2004), Siberia (2003).
Entrevista a Manuel Santos Iñurrieta / Revista Ñ, 03/03/2012
"Tras los pasos de Brecht"
por Jorge Dubatti
Sábado 03 de marzo de 2012, Revista Ñ
Entre las expresiones más relevantes del teatro de Buenos Aires en el período “pos neoliberal” abierto tras el estallido de 2001, sobresale el bachín teatro (así, todo con minúscula, escribe el grupo su nombre). Fundado en 2000, lo integran Manuel Santos Iñurrieta, Carolina Guevara, Julieta Grispan y Marcos Peruyero. A lo largo de estos doce años, ha construido una sólida trayectoria de investigación en las relaciones entre teatro y política, cuyos principales hitos escénicos son El apoteótico final organizado (2001), Lucientes (2005), La comedia mecánica (2007), Crónicas de un comediante (2008), Teruel y la continuidad del sueño (2009), Mariano Moreno y un teatro de operaciones (2010) y el flamante La gracia de tener, que se presenta actualmente en la Sala Pugliese del Centro Cultural de la Cooperación.
Nacido en Mar del Plata en 1977 y radicado en la capital porteña desde 2000, Manuel Santos es el director-dramaturgo (además de actor) de los espectáculos de el bachín. “La gracia de tener es un espectáculo de humor político”, explica Santos. La obra muestra a una familia de aristócratas en serios problemas económicos que se ve obligada a alquilar su casa-mansión a un circo. Como la renta no resuelve su economía, la familia termina empleándose en él como payasos para así poder ganar un dinero extra. Aparece un general de la Nación que presupone la posibilidad de depositar las esperanzas familiares en él y en sus acciones futuras. Aquí la economía hace política.
¿En qué momento de la historia argentina ubican la acción?
La obra está situada en 1961, en la Argentina, durante la presidencia de Arturo Frondizi. La década del 60, como sabemos, será un tiempo de revolución cultural y social en todo el mundo. América Latina, en particular, será escenario de distintas revoluciones sociales y levantamientos populares que vislumbran un tiempo de liberación.
¿Cómo piensa el bachín la relación teatro y política?
El carácter de “lo político” no está dado ni se define únicamente por el tratamiento de un tema referido a la actualidad política y mucho menos se circunscribe a un estilo. Aun cuando algunos de nuestros espectáculos, incluso éste, se conciban en relación a acontecimientos históricos, políticos y sociales. Toda acción humana es política y en el teatro desde el modo de producción hasta el diseño de luces responde a una concepción de mundo que es filosófica, ideológica y política y que se sintetiza en una unidad estética: la obra.
¿En la tradición del teatro independiente?
Asumirnos como grupo de teatro independiente es, entre otras cosas, considerar la creación como un hecho colectivo donde la subjetividad grupal modela el objeto, la pieza. Desde este punto de vista. La gracia de tener es consecuencia de esta forma de pensar el teatro en conjunto.
¿Vuelven a apropiarse del teatro épico brechtiano?
Sí, es parte de nuestro estudio y nuestra búsqueda estética, pero que tiene como objetivo la construcción de un relato propio, latinoamericano. No podría decir que nuestros espectáculos son hoy en rigor “épicos”, sino que hay indicios y rastros que vienen a conformar un presente estético y singular. Quiero decir: “ni copia ni calco”, existe una apropiación de los elementos y una creación en presente que se sintetizan en lo nuevo. Allí nuestro desafío.
¿Qué le aporta el bachín al teatro argentino actual?
El deseo es aportar un lenguaje escénico singular, rescatar las mejores tradiciones de un teatro crítico, confrontativo e independiente. Abrir debates estéticos y políticos que en los 90 fueron clausurados y entrar de lleno en los debates presentes. Trabajar para perder el miedo a llamar las cosas por su nombre. Discutir “la belleza”. Negar y combatir la idea de que hacer teatro es para unos pocos iluminados. Supongo que entre otras cosas aportamos: a
los entusiastas, entusiasmo, y a los nihilistas, dolores de cabeza.
http://www.revistaenie.clarin.com/escenarios/teatro/Tras-los-pasos-de-Brecht_0_659934191.html
por Jorge Dubatti
por Jorge Dubatti
Sábado 03 de marzo de 2012, Revista Ñ
Entre las expresiones más relevantes del teatro de Buenos Aires en el período “pos neoliberal” abierto tras el estallido de 2001, sobresale el bachín teatro (así, todo con minúscula, escribe el grupo su nombre). Fundado en 2000, lo integran Manuel Santos Iñurrieta, Carolina Guevara, Julieta Grispan y Marcos Peruyero. A lo largo de estos doce años, ha construido una sólida trayectoria de investigación en las relaciones entre teatro y política, cuyos principales hitos escénicos son El apoteótico final organizado (2001), Lucientes (2005), La comedia mecánica (2007), Crónicas de un comediante (2008), Teruel y la continuidad del sueño (2009), Mariano Moreno y un teatro de operaciones (2010) y el flamante La gracia de tener, que se presenta actualmente en la Sala Pugliese del Centro Cultural de la Cooperación.
Nacido en Mar del Plata en 1977 y radicado en la capital porteña desde 2000, Manuel Santos es el director-dramaturgo (además de actor) de los espectáculos de el bachín. “La gracia de tener es un espectáculo de humor político”, explica Santos. La obra muestra a una familia de aristócratas en serios problemas económicos que se ve obligada a alquilar su casa-mansión a un circo. Como la renta no resuelve su economía, la familia termina empleándose en él como payasos para así poder ganar un dinero extra. Aparece un general de la Nación que presupone la posibilidad de depositar las esperanzas familiares en él y en sus acciones futuras. Aquí la economía hace política.
¿En qué momento de la historia argentina ubican la acción?
La obra está situada en 1961, en la Argentina, durante la presidencia de Arturo Frondizi. La década del 60, como sabemos, será un tiempo de revolución cultural y social en todo el mundo. América Latina, en particular, será escenario de distintas revoluciones sociales y levantamientos populares que vislumbran un tiempo de liberación.
¿Cómo piensa el bachín la relación teatro y política?
El carácter de “lo político” no está dado ni se define únicamente por el tratamiento de un tema referido a la actualidad política y mucho menos se circunscribe a un estilo. Aun cuando algunos de nuestros espectáculos, incluso éste, se conciban en relación a acontecimientos históricos, políticos y sociales. Toda acción humana es política y en el teatro desde el modo de producción hasta el diseño de luces responde a una concepción de mundo que es filosófica, ideológica y política y que se sintetiza en una unidad estética: la obra.
¿En la tradición del teatro independiente?
Asumirnos como grupo de teatro independiente es, entre otras cosas, considerar la creación como un hecho colectivo donde la subjetividad grupal modela el objeto, la pieza. Desde este punto de vista. La gracia de tener es consecuencia de esta forma de pensar el teatro en conjunto.
¿Vuelven a apropiarse del teatro épico brechtiano?
Sí, es parte de nuestro estudio y nuestra búsqueda estética, pero que tiene como objetivo la construcción de un relato propio, latinoamericano. No podría decir que nuestros espectáculos son hoy en rigor “épicos”, sino que hay indicios y rastros que vienen a conformar un presente estético y singular. Quiero decir: “ni copia ni calco”, existe una apropiación de los elementos y una creación en presente que se sintetizan en lo nuevo. Allí nuestro desafío.
¿Qué le aporta el bachín al teatro argentino actual?
El deseo es aportar un lenguaje escénico singular, rescatar las mejores tradiciones de un teatro crítico, confrontativo e independiente. Abrir debates estéticos y políticos que en los 90 fueron clausurados y entrar de lleno en los debates presentes. Trabajar para perder el miedo a llamar las cosas por su nombre. Discutir “la belleza”. Negar y combatir la idea de que hacer teatro es para unos pocos iluminados. Supongo que entre otras cosas aportamos: a
los entusiastas, entusiasmo, y a los nihilistas, dolores de cabeza.
http://www.revistaenie.clarin.com/escenarios/teatro/Tras-los-pasos-de-Brecht_0_659934191.html
por Jorge Dubatti
Entrevista a el bachín teatro / Página 12, 03/03/2012
“El capitalismo es absurdo”
por María Daniela Yaccar
El director y dramaturgo Manuel Santos Iñurrieta va al grano al explicar de dónde viene y hacia dónde va El Bachín, numeroso grupo de teatro independiente con doce años de trabajo: “Partimos de Bertolt Brecht para pensar un relato en presente. Nuestras búsquedas estéticas pasan por la resignificación del lenguaje”. En los últimos espectáculos de esta compañía, la Historia es un personaje más. No es casual que le den tanta atención: se conocieron y se unieron en la víspera del derrumbe del país. Aquellas búsquedas estéticas que menciona Iñurrieta resultan en una “épica nacional y latinoamericana”: el del Bachín es un teatro útil para esta época, que merece nuevas reflexiones acerca del ser nacional abordado primero por figuras como Sarmiento y Alberdi y del que abundan ficciones y pensamientos.
La gracia de tener (sábados a las 20.30 en el Centro Cultural de la
Cooperación, Avenida Corrientes 1543) viaja a la década del ’60 para
graficar los vínculos entre la oligarquía nacional, el Ejército y la
Iglesia, cuando se avecinaba la dictadura de Juan Carlos Onganía –que es
un personaje de la obra–. El Bachín Teatro define a este espectáculo
como “absurdo de humor político-económico”. Así lo explica Iñurrieta:
“Tocamos un tema absurdo de por sí: el capitalismo. Su aceptación y
naturalización disparó esta obra”. Con una estética clownesca –los
actores llevan narices rojas–, se teje una gran metáfora respecto de las
formas de manejarse de los poderosos. Una familia de aristócratas en
decadencia alquila una mansión a un circo y termina trabajando para él.
Otro disparate es que las artes circenses fascinan al general de la
familia.
No podría ser de otra manera: la charla entre los miembros
“históricos” del Bachín y Página/12 condensa las tensiones entre
política y arte. Ellos son Iñurrieta, Julieta Grinspan, Marcos Peruyero y
Carolina Guevara. También participan de esta obra Marina García, Jerónimo García, Jorge Tesone y Diego Maroevic. Los tópicos se fusionan,
el diálogo va de un lado al otro sin reconocer fronteras. Sucede que,
además de actores y creadores, ellos son militantes, tanto de partidos y
organizaciones políticas como de la cultura. Nacieron casi a la par del
Centro Cultural de la Cooperación. “Es el punto que nos compete a
todos, donde crecimos y nos formamos. Ahí volcamos nuestros pensamientos
respecto de las políticas culturales”, subraya Grinspan. Parte de la
militancia es, también, su interés de llegar a un público diferente al
de la calle Corrientes. En 2008 inauguraron una sala en Parque Patricios
(en Zabaleta 74) para establecer vínculos con el barrio y, a la vez,
enriquecer sus producciones al entrar en contacto con otras realidades.
–¿La obra conecta con el revisionismo histórico, en boga
hoy? Se mencionan muchos signos del presente, como la “profundización
del modelo” o los globitos de colores de Macri.
Carolina Guevara: –La polaridad de clases
de los ’60 todavía existe. Por ejemplo, se vio en el conflicto con el
campo. Un punto crucial en relación con las clases sociales es el
peronismo. Es uno de los motivos por los cuales ubicamos la obra en esta
época, por las significaciones que daban vueltas en ese momento, como
“cabecita negra”.
Santos Iñurrieta: –Nos vamos a 1961, pero
1961 es 2012: hay una continuidad en los conflictos y en los accionares
de la sociedad. Las clases dominantes están compuestas por los mismos
sujetos. Quizá no tengan el poder que tuvieron en otro momento, pero
todavía hay familias que son las dueñas del país. Se puede trazar, como
diría Brecht, una parábola. La obra apunta a dos líneas centrales,
propias del capitalismo: la clase dominante y la dominada. Cada uno
puede ponerle el color que le plazca. El absurdo está en el hecho de que
un hombre esté mirando su montaña y los ríos en su propiedad y que, al
mismo tiempo, otro esté vendiendo panchos doce horas en Constitución. La
aceptación de la propiedad privada nos conduce a pensar que fuimos
desafortunados por no haber venido con Colón.
–En tal sentido, la Historia es más bien pesimista. ¿Por qué abordarla desde el humor?
Julieta Grinspan: –El hecho de dedicarse
al arte es optimista, porque es una oportunidad de compartir con otros
lo que uno piensa. Podemos hablar de todo esto porque sabemos que existe
solución. Encontrar las metáforas, el humor en lo absurdo de la vida y
distintas maneras de dialogar con el público son salidas esperanzadoras.
–Pese a su dejo de didacticismo, la obra no sugiere ninguna
solución al conflicto del capitalismo. ¿Cómo la pondrían en palabras?
J. G.: –La solución es el fin de la
explotación del hombre por el hombre. El camino es largo, pero tenemos
un montón de herramientas. El diálogo que se produce con el público en
una obra, sin cerrar la cuarta pared, es un principio de solución. Y hay
otros: que pueda trabajar un grupo de teatro con tanta gente o que
exista una cultura alternativa que no siga las reglas de la dominante.
En la Historia también hay signos positivos: tenemos una Latinoamérica
unida y quedó demostrado en Europa que hay un tipo de capitalismo que no
está funcionando.
M. S. I.: –Hay un ingreso a la política por parte de la juventud, así como también una vuelta al debate político.
Marcos Peruyero: –Quizá muchos se asustan
ante los conflictos. Los actores estamos acostumbrados a ellos y sabemos
que hay solución. El teatro está enfocado al hombre como motor de la
historia, a la construcción del hombre nuevo que buscaba el Che. Eso
implica, también, buscar nuevos actores para un nuevo teatro que intente
transformar, y a nuevos espectadores que lo vean. Estamos en un momento
histórico extraordinario, pero no somos hijos de la casualidad, sino de
hombres que leyeron, estudiaron, pelearon y entregaron su vida para que
hoy Manuel y yo podamos decir que somos comunistas. Hubo miles de
personas que hicieron teatro y miles de personas que ni siquiera iban a
ver obras, pero que lucharon para que nosotros pudiéramos hacerlo.
–En la obra sucede algo paradójico respecto del
distanciamiento brechtiano: hay monólogos en los que se corren de sus
personajes y hablan desde su lugar de actores. Pero esos son
precisamente los momentos más emotivos, contrariamente a lo que
planteaba Brecht.
C. G.: –Los textos de Manuel van al
rescate de lo político, pero también de la poesía. Ambos confluyen con
el humor como elemento identitario, al evocar al payaso rioplatense. Es
un modo de demostrar que lo político no es necesariamente panfletario.
Para nosotros como actores es muy placentero, porque recorremos varias
aristas.
M. S. I.: –Brecht quería eliminar toda
posibilidad de que el espectador se pierda emotivamente y que, por ende,
no pueda hacer una lectura general. Pero también planteaba que, en todo
caso, tenía que ser la razón la que empuje a la emoción. Trabajamos en
esa doble sintonía: jugamos con el personaje de un presentador que habla
a rajatabla de la flexibilización laboral, da datos, estadísticas y
fechas. Pero todo repercute en un ser humano que vive un presente,
sufre, ama, llora, va a trabajar y consigue o no laburo. Son dos planos
que se manifiestan en este momento político en que vivimos: se unen la
discusión de ideas y la afectividad.
por María Daniela Yaccar
fotografía Pablo Piovano
Entrevista a Carolina Guevara / La Nación, 02/03/2012
"Por amor a Bertolt Brecht"
por Carlos Pacheco
Viernes 02 de marzo de 2012, La Nación Espectáculos
A los 15 años, en Tres Arroyos, Carolina Guevara comenzó a tomar clases de teatro en un taller destinado a adolescentes. Empezó a buscar un camino artístico que luego desarrolló en Buenos Aires, cuando finalizó la secundaria. La Escuela Nacional de Arte Dramático la admitió en sus aulas y un grupo de compañeros, al que se ligó, le confirmaron que ser actriz era posible. Empezaron a funcionar en grupo, al que terminaron denominando El Bachín Teatro, y desde ese agrupamiento hace ya doce años que ella se proyecta en la gran ciudad.
"Toda mi historia está muy pegada a mi grupo. No he actuado con otras personas hasta el momento", aclara la intérprete con cierta timidez. Pero lo cierto es que, aunque se ha preocupado por abrirse otros caminos al lado de maestros como Marcelo Katz, Walter Velázquez, Raúl Serrano, Andrea Garrote y el grupo Periplo, su pertenencia a El Bachín es muy fuerte, y no sólo artísticamente, sino también en lo ideológico.
"Nos conocimos en 2000 -cuenta-, cuando el país se caía a pedazos. Cuando no eran habituales los grupos independientes de nuestra generación y cuando la idea de la formación del actor estaba ligada al éxito individual. A nosotros nos interesaba hacer teatro, nos encontramos como personas, nos llevábamos bien en la vida y teníamos ganas de laburar. Además confiábamos en el otro. Nos identificamos con el viejo teatro independiente entendido como una expresión cultural, artística; no hacemos teatro independiente porque no nos tocó lo otro."
El grupo trabaja sobre una línea estética íntimamente relacionada con Bertolt Brecht. Esto fue apareciendo de a poco. Carolina Guevara cuenta que se fue dando con el aprendizaje mutuo, con la investigación. "Un poco también con la poética que Manuel Santos Iñurrieta, director y dramaturgo de El Bachín, empieza a experimentar y proponer. Esto es desde el teatro épico. Nos encontramos con Brecht y descubrimos que él tiene los elementos que nos acompañan a la hora de querer contar algo. Siempre nos interesó contar las coyunturas históricas de nuestro tiempo y que esa épica estuviera en los hombres y mujeres de hoy. Así hemos construido un teatro crítico, político."
La última producción del grupo, que acaba de estrenar en el Centro Cultural de la Cooperación, resulta una muestra muy acabada de los objetivos que El Bachín desarrolla. En La gracia de tener trabajan sobre los lineamientos descriptos, pero agregan una impronta muy fuerte de humor rioplatense, algo que también apareció en trabajos anteriores. "Nos interesa el humor porque tiene un rasgo muy identitario. Siento que uno se ríe de lo que conoce o con lo que se puede identificar. Esta es una obra que está enmarcada en la época de Frondizi, concretamente en 1961. Lo que se intenta plasmar es un poco lo que sucedía en la sociedad del momento. La dicotomía de clases, después del gobierno de Perón y la revolución libertadora del 55, y cómo la aristocracia del momento prepara el golpe de Estado de Onganía."
En escena, dos hermanos aristócratas venidos a menos alquilan su mansión a una compañía de circo y terminan formando parte de él, en un juego donde el humor y la política se dan la mano, para provocar una reflexión sobre un momento de nuestra historia.
"Muchas veces, por este interés puesto en Brecht -aclara Carolina Guevara-, nos dicen que hacemos un teatro viejo; nos gusta que nos digan eso porque en realidad es un desafío traer a este creador alemán al presente. Hoy parece que habría que hacer otro teatro. Pero como a nosotros nos interesa expresar nuestra mirada sobre los acontecimientos de la época, ésta es la mejor manera que encontrarnos de hacerlo. Cuando decimos teatro político, no significa panfletario; cuando hablamos de un teatro didáctico, no nos referimos a que sea aburrido ni mucho menos poético. Nos dimos cuenta de que podíamos confluir en todas esas cosas con toda la belleza que una obra de arte debe tener."
http://www.lanacion.com.ar/1452920-por-amor-a-bertolt-brecht
por Carlos Pacheco
fotografía Rodrigo Néspolo
A los 15 años, en Tres Arroyos, Carolina Guevara comenzó a tomar clases de teatro en un taller destinado a adolescentes. Empezó a buscar un camino artístico que luego desarrolló en Buenos Aires, cuando finalizó la secundaria. La Escuela Nacional de Arte Dramático la admitió en sus aulas y un grupo de compañeros, al que se ligó, le confirmaron que ser actriz era posible. Empezaron a funcionar en grupo, al que terminaron denominando El Bachín Teatro, y desde ese agrupamiento hace ya doce años que ella se proyecta en la gran ciudad.
"Toda mi historia está muy pegada a mi grupo. No he actuado con otras personas hasta el momento", aclara la intérprete con cierta timidez. Pero lo cierto es que, aunque se ha preocupado por abrirse otros caminos al lado de maestros como Marcelo Katz, Walter Velázquez, Raúl Serrano, Andrea Garrote y el grupo Periplo, su pertenencia a El Bachín es muy fuerte, y no sólo artísticamente, sino también en lo ideológico.
"Nos conocimos en 2000 -cuenta-, cuando el país se caía a pedazos. Cuando no eran habituales los grupos independientes de nuestra generación y cuando la idea de la formación del actor estaba ligada al éxito individual. A nosotros nos interesaba hacer teatro, nos encontramos como personas, nos llevábamos bien en la vida y teníamos ganas de laburar. Además confiábamos en el otro. Nos identificamos con el viejo teatro independiente entendido como una expresión cultural, artística; no hacemos teatro independiente porque no nos tocó lo otro."
El grupo trabaja sobre una línea estética íntimamente relacionada con Bertolt Brecht. Esto fue apareciendo de a poco. Carolina Guevara cuenta que se fue dando con el aprendizaje mutuo, con la investigación. "Un poco también con la poética que Manuel Santos Iñurrieta, director y dramaturgo de El Bachín, empieza a experimentar y proponer. Esto es desde el teatro épico. Nos encontramos con Brecht y descubrimos que él tiene los elementos que nos acompañan a la hora de querer contar algo. Siempre nos interesó contar las coyunturas históricas de nuestro tiempo y que esa épica estuviera en los hombres y mujeres de hoy. Así hemos construido un teatro crítico, político."
La última producción del grupo, que acaba de estrenar en el Centro Cultural de la Cooperación, resulta una muestra muy acabada de los objetivos que El Bachín desarrolla. En La gracia de tener trabajan sobre los lineamientos descriptos, pero agregan una impronta muy fuerte de humor rioplatense, algo que también apareció en trabajos anteriores. "Nos interesa el humor porque tiene un rasgo muy identitario. Siento que uno se ríe de lo que conoce o con lo que se puede identificar. Esta es una obra que está enmarcada en la época de Frondizi, concretamente en 1961. Lo que se intenta plasmar es un poco lo que sucedía en la sociedad del momento. La dicotomía de clases, después del gobierno de Perón y la revolución libertadora del 55, y cómo la aristocracia del momento prepara el golpe de Estado de Onganía."
En escena, dos hermanos aristócratas venidos a menos alquilan su mansión a una compañía de circo y terminan formando parte de él, en un juego donde el humor y la política se dan la mano, para provocar una reflexión sobre un momento de nuestra historia.
"Muchas veces, por este interés puesto en Brecht -aclara Carolina Guevara-, nos dicen que hacemos un teatro viejo; nos gusta que nos digan eso porque en realidad es un desafío traer a este creador alemán al presente. Hoy parece que habría que hacer otro teatro. Pero como a nosotros nos interesa expresar nuestra mirada sobre los acontecimientos de la época, ésta es la mejor manera que encontrarnos de hacerlo. Cuando decimos teatro político, no significa panfletario; cuando hablamos de un teatro didáctico, no nos referimos a que sea aburrido ni mucho menos poético. Nos dimos cuenta de que podíamos confluir en todas esas cosas con toda la belleza que una obra de arte debe tener."
http://www.lanacion.com.ar/1452920-por-amor-a-bertolt-brecht
por Carlos Pacheco
fotografía Rodrigo Néspolo
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